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INTA Anguil pone foco en fitosanitarios con drones

09/09/2026
INTA Anguil realizará el 17 de septiembre una jornada técnica sobre aplicación de fitosanitarios con drones. El encuentro incluirá normativa, seguridad, deriva, ancho de trabajo, distribución de gotas y sensores multiespectrales. La nota analiza el valor de estas evaluaciones frente al crecimiento comercial del sector y repasa los límites operativos que plantea el marco RAAC de ANAC.

¿Qué parámetros deberían evaluarse antes de afirmar que una aplicación de fitosanitarios con drones es precisa, segura y agronómicamente útil? Esa será la cuestión de fondo en la Jornada Técnica “Hablemos de aplicación de fitosanitarios con drones”, prevista para el jueves 17 de septiembre, de 8:00 a 17:30, en la Estación Experimental Agropecuaria INTA Anguil “Ing. Agr. Guillermo Covas”, en La Pampa.

La agenda reúne a INTA, la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Mar del Plata, BYLA Agro Innovación y la Universitat Politècnica de Catalunya. Habrá conferencias, cuatro estaciones demostrativas a campo y una discusión técnica sobre el futuro de una actividad que crece rápido en el agro argentino, aunque todavía convive con una brecha considerable entre la oferta comercial, la evidencia disponible y la capacidad real de los operadores.

Ese contraste vuelve interesante al encuentro. El dron pulverizador ya dejó de ser una rareza en lotes chicos, ambientes anegados, cultivos de alto valor o sectores donde una máquina terrestre enfrenta limitaciones. Pero la expansión de equipos, baterías y prestadores no resuelve por sí sola los asuntos centrales: deriva, cobertura, penetración, dosis, seguridad operacional y cumplimiento normativo.

La aplicación de fitosanitarios con drones llega al campo experimental

Según anticiparon los organizadores, la jornada abordará el estado de la normativa para drones de aplicación, los criterios de evaluación de desempeño y las variables que determinan la calidad de pulverización. Luego, el programa se trasladará al campo para trabajar sobre cuatro puntos concretos: verificación técnica y checklist de seguridad, determinación del ancho óptimo de trabajo, evaluación de deriva y análisis de penetración y distribución de gotas dentro del cultivo.

Es una selección razonable. También expone dónde está el debate real. En aplicaciones aéreas de bajo volumen, el resultado no depende únicamente del modelo de RPA ni de la capacidad del tanque. Intervienen la formulación, la boquilla, el tamaño de gota, la altura de vuelo, la velocidad, el caudal, el solape entre pasadas, la arquitectura del cultivo y las condiciones meteorológicas al momento de operar.

Una pantalla de planificación puede mostrar líneas prolijas y una cobertura uniforme. Eso no alcanza para demostrar eficacia biológica ni minimizar el desplazamiento fuera del blanco. La deriva sigue siendo uno de los aspectos más sensibles de toda pulverización y, en un dron multirrotor, debe analizarse además en relación con el flujo descendente generado por los rotores.

La presencia del doctor Emilio Gil, de la Universitat Politècnica de Catalunya, aporta un antecedente técnico relevante. Gil es reconocido por sus trabajos en mecanización agrícola y tecnologías de aplicación. Junto con referentes de INTA, la Universidad Nacional de Mar del Plata e INTA San Pedro, la propuesta busca llevar la discusión desde la promesa genérica de “precisión” hacia procedimientos observables y medibles.

Ese desplazamiento es saludable. En el sector todavía se usa la palabra precisión para describir operaciones que, en muchos casos, no fueron calibradas ni evaluadas en el cultivo objetivo.

Normativa ANAC: el vuelo y la aplicación no pueden separarse

La jornada incluirá una exposición sobre el marco regulatorio, un punto que merece atención particular. La Resolución ANAC 550/2025 aprobó la segunda edición de la RAAC Parte 100 y adoptó las Partes 101 y 102 para operaciones con RPAS. El esquema distingue, en términos generales, entre la Categoría Abierta y la Categoría Específica, con exigencias crecientes según el riesgo de la operación.

En ámbito rural, la Parte 101 contempla operaciones que cumplan integralmente las condiciones de la Categoría Abierta. Sin embargo, esa flexibilidad tiene límites claros. Una misión BVLOS, una operación por encima de 122 metros AGL, el ingreso a un CTR, la proximidad a rutas, infraestructura crítica, áreas protegidas o concentraciones de personas puede sacar a la operación de ese encuadre.

En una demostración técnica, por ejemplo, la presencia de asistentes obliga a planificar con especial cuidado la ubicación del público, los perímetros de seguridad, los procedimientos de emergencia y la trayectoria prevista. El hecho de estar en un predio rural no convierte automáticamente a toda misión en una operación simple desde el punto de vista aeronáutico.

La Categoría Específica, regulada por la RAAC Parte 102, exige documentación y una gestión de riesgos acorde con la actividad: Manual de Operaciones, sistema de gestión de riesgos, declaración ante la autoridad y, cuando corresponda, análisis particular del escenario. También puede requerir el Certificado de Explotador de Trabajo Aéreo de RPA/RPAS.

Habrá que ver qué precisiones ofrece la jornada sobre el encuadre concreto de las aplicaciones fitosanitarias. La regulación aeronáutica es una parte del cumplimiento, pero no reemplaza las obligaciones que puedan corresponder por el uso, manejo, almacenamiento, transporte y aplicación de productos fitosanitarios en cada jurisdicción. El operador serio necesita revisar ambos planos antes de cargar el tanque.

Deriva, ancho de labor y distribución: donde se define el resultado

La estación sobre ancho óptimo de trabajo puede parecer un asunto menor frente a la potencia de un equipo o al tamaño de su payload. No lo es. Definir el ancho efectivo implica conocer cómo se distribuye el caldo a lo largo de la pasada y cuánto solape hace falta para evitar franjas subdosificadas o sectores con superposición excesiva.

En la práctica, tomar como ancho de trabajo el valor máximo anunciado por un fabricante puede ser una mala decisión. Las condiciones de vuelo, la configuración de aspersión y el comportamiento aerodinámico del equipo modifican el patrón. Por eso las evaluaciones a campo tienen más valor que una ficha comercial trasladada sin ajustes a otro cultivo, otra provincia o una ventana climática distinta.

La penetración y la distribución de gotas dentro del cultivo plantean otro límite a los discursos rápidos. Alcanzar el estrato superior de una cobertura vegetal no garantiza que el producto llegue donde debe llegar. En cultivos densos, el objetivo puede quedar protegido por hojas, tallos o estructuras reproductivas. La calidad de aplicación requiere mirar el blanco, no solamente el mapa de vuelo.

La capacitación en drones aplicados al campo tiene sentido precisamente en ese cruce entre pilotaje, agronomía, planificación y seguridad. Conocer el equipo es indispensable, pero el operador que trabaja para terceros necesita además interpretar la receta, reconocer restricciones del lote y saber cuándo una aplicación debe reprogramarse.

El dron ofrece ventajas operativas concretas: acceso a zonas difíciles, menor pisoteo, agilidad para intervenciones puntuales y posibilidad de trabajar donde un equipo terrestre puede compactar o directamente no ingresar. Pero esas ventajas no eliminan las leyes físicas de una pulverización. El viento, la temperatura, la humedad y la evaporación siguen estando ahí.

Sensores RGB y multiespectrales: información previa, no certificación automática

El programa también contempla exposiciones sobre drones con cámaras RGB y multiespectrales en el ámbito agropecuario. Es una incorporación pertinente porque los sensores pueden colaborar en el diagnóstico, la delimitación de ambientes y la priorización de recorridas. Un relevamiento puede orientar decisiones sobre dónde inspeccionar, dónde muestrear o qué sector merece atención inmediata.

Sin embargo, conviene mantener la proporción. Un índice vegetativo o una imagen multiespectral no identifica por sí solo una plaga, una enfermedad o una deficiencia nutricional con certeza absoluta. Registra respuestas espectrales que requieren interpretación agronómica y validación a campo. Confundir indicio con diagnóstico termina produciendo aplicaciones mal justificadas.

La integración entre teledetección y pulverización puede mejorar la asignación de recursos, sobre todo cuando se combina con recorridas, registros históricos y conocimiento del lote. Pero la cadena completa necesita trazabilidad: misión, sensor, fecha, condición del cultivo, procesamiento, criterio de decisión y registro de aplicación.

Ese estándar es el que permite transformar un vuelo en información útil para producción. También protege al prestador frente a discusiones posteriores sobre el alcance técnico del servicio.

Qué debería llevarse un operador de la jornada de INTA Anguil

Para pilotos activos, alumnos y prestadores, la principal utilidad de una jornada como la de Anguil estará en observar métodos. Un checklist bien construido, una medición de deriva, una evaluación de deposición o una discusión sobre ancho de labor son herramientas transferibles a la operación cotidiana. La tecnología agrícola madura cuando se vuelve verificable.

También será una ocasión para discutir un problema habitual: la tendencia a vender hectáreas por hora sin detallar condiciones de labor. La productividad importa, especialmente en ventanas cortas entre lluvias o ante un avance sanitario. Pero acelerar una misión sin recalibrar parámetros, revisar el entorno o atender las restricciones meteorológicas puede trasladar el costo a la eficacia y al riesgo.

La fuente informó que la actividad no se suspende por lluvia. Eso asegura continuidad institucional, aunque no modifica una regla básica de cualquier aplicación: la decisión de despegar y pulverizar debe responder a las condiciones operativas reales del momento, no solamente al cronograma de un evento.

Quienes contratan o prestan aplicación fitosanitaria y siembra al voleo con drones necesitan la misma exigencia: equipo apto, operador capacitado, planificación, control de riesgos y criterios agronómicos documentados.

La jornada será el 17 de septiembre en INTA Anguil.

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