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Monte nativo con drones: medir biomasa con respaldo real

01/10/2026
Un proyecto en Santiago del Estero combinó drones, inventario forestal, imágenes satelitales e inteligencia artificial para calibrar estimaciones de biomasa y volumen leñoso en monte nativo. El caso muestra que la alta resolución aérea requiere validación en parcelas y planificación bajo RAAC. También detalla cuándo una operación rural puede encuadrar en Categoría Abierta y cuándo exige Categoría Específica.

¿Qué hace falta para que un vuelo de dron sobre monte nativo se convierta en una estimación confiable de biomasa y volumen leñoso? El trabajo realizado en Santiago del Estero por INTA, Ovis 21 y Ruuts aporta una respuesta concreta: hacen falta vuelos bien ejecutados, inventario forestal en tierra, modelos estadísticos y una comparación seria con otras fuentes de información. El dron suma una capa de detalle muy potente, pero no elimina la necesidad de medir árboles y arbustos en campo.

La noticia importa por una razón que excede al Chaco semiárido. La medición de carbono, los proyectos de revegetación, los inventarios forestales y la gestión productiva del monte nativo están demandando datos trazables. Ahí los RPAS pueden aportar velocidad, repetibilidad y resolución espacial. Pero también obligan a elevar el estándar operativo.

El mito extendido dice que alcanza con sobrevolar un lote, procesar una nube de puntos y convertir el resultado en toneladas de biomasa. La realidad es bastante más exigente. Y, justamente por eso, abre una ventaja profesional para quienes saben planificar una misión, capturar datos consistentes y trabajar junto a especialistas forestales.

El monitoreo de monte nativo con drones empieza en las parcelas, no en el software

El relevamiento desarrollado en el Campo Experimental de Santiago del Estero combinó trabajo aéreo y mediciones terrestres. Los equipos técnicos instalaron y relevaron 45 parcelas circulares de 1.000 m², equivalentes a un radio de 17,84 metros. Esa escala de muestreo permitió contrastar las mediciones directas con los productos derivados del dron y con información satelital.

Ese punto merece atención. Una ortofoto atractiva, un modelo 3D o un mapa de alturas no son, por sí solos, un inventario forestal. En un monte nativo chaqueño conviven árboles, arbustos, copas irregulares, claros, vegetación en distintos estratos y especies con densidades de madera diferentes. Traducir esa complejidad a biomasa requiere referencias reales tomadas a ras del suelo.

Para los árboles con diámetro a la altura del pecho superior a 5 centímetros, el equipo aplicó ecuaciones alométricas de Sato y colaboradores e incorporó la densidad de madera específica de cada especie relevada. En paralelo, los arbustos registrados en subparcelas se cubicaron mediante ecuaciones de Conti y colaboradores, en función de las dimensiones de copa. Ambos componentes se integraron para obtener un valor consolidado por parcela.

Es una metodología razonable y necesaria. El sensor remoto observa una expresión espacial de la vegetación; las ecuaciones y el inventario convierten esa observación en variables forestales útiles. Habrá que ver qué desempeño final muestran los modelos al escalarse a superficies mayores o a sectores con distinta estructura de monte, porque la calibración local siempre pesa.

También conviene evitar una simplificación frecuente en el mercado: asumir que una cámara determinada resuelve por sí misma un problema forestal. La elección del payload, la altura AGL, el solapamiento, la velocidad, la iluminación, el control de la exposición y el procesamiento cambian el resultado. Una misión pensada para inspección visual no necesariamente genera un producto apto para estimar estructura de dosel.

En este caso, las métricas obtenidas mediante dron se calcularon sobre las mismas unidades de muestreo y se extrajeron 42 descriptores del modelo de altura de dosel, con resolución de 10 centímetros por píxel. Esa resolución permite trabajar con una granularidad muy superior a la de un satélite, aunque el detalle espacial no garantiza automáticamente menor error en biomasa. Depende de la calidad de la calibración.

Drones, Sentinel-2, Apollo y AlphaEarth: cuatro capas para un mismo monte

El aspecto más interesante del proyecto no es el uso aislado de un RPA, sino la integración de fuentes. Los datos de campo se contrastan con el modelo de altura de dosel generado por drones, imágenes de alta resolución Apollo, datos de Sentinel-2 y un modelo basado en embeddings de AlphaEarth. Cada fuente aporta algo distinto y tiene límites propios.

El dron ofrece resolución muy alta y la posibilidad de programar una captura puntual sobre el área de interés. Es especialmente útil cuando se necesita observar la heterogeneidad de copas, bordes, claros y sectores degradados. En cambio, un satélite permite ampliar cobertura territorial y revisar series temporales, aunque con píxeles de mayor tamaño y dependencia de las condiciones atmosféricas.

La inteligencia artificial puede acelerar clasificaciones, encontrar patrones y combinar variables que sería difícil evaluar manualmente. Sin embargo, conviene mantener el criterio técnico: un modelo entrenado con datos insuficientes o poco representativos puede producir mapas muy prolijos y, al mismo tiempo, equivocarse de manera sistemática. El error no desaparece porque el procesamiento tenga IA.

Para iniciativas vinculadas con estándares internacionales de revegetación, como VM0047 mencionado en la experiencia santiagueña, la trazabilidad metodológica es central. Importa poder explicar cuándo se capturó el dato, con qué resolución, cómo se definieron las parcelas, qué ecuaciones se utilizaron y cuál fue el procedimiento de validación. Un mapa sin contexto puede servir para una presentación; difícilmente alcance para sostener una estimación técnica auditables.

Esta integración también abre una oportunidad de trabajo más madura para operadores argentinos. En vez de ofrecer solamente “un relevamiento con dron”, el servicio puede estructurarse alrededor de objetivos medibles: delimitación de áreas, modelo de altura de dosel, apoyo al inventario, comparación multitemporal, detección de cambios y entrega de insumos para el profesional forestal o ambiental que interpreta los resultados.

La experiencia coincide con el tipo de aplicación que desarrolla el servicio de teledetección y análisis con cámaras multiespectrales de DronesVIP, donde la planificación de misión, la integración de sensores y la trazabilidad del procesamiento forman parte del trabajo técnico. No alcanza con salir a volar: el diseño de captura tiene que responder a la decisión que se busca tomar después.

Cómo planificar una operación forestal bajo RAAC en zona rural

La condición rural facilita muchas operaciones, pero no convierte al monte en un espacio aéreo sin reglas. Según el marco vigente aprobado por la Resolución ANAC 550/2025, una operación puede encuadrar en la Categoría Abierta de la RAAC Parte 101 cuando se realiza en zona rural y cumple sus condiciones, incluyendo un RPA de menos de 25 kg. En ese encuadre se contempla el registro del equipo mediante declaración jurada digital ante el Registro Nacional de Aeronaves, con matrícula LV-R.

La ventaja existe: no se exige autorización previa para cada vuelo rural que permanezca dentro de las condiciones de la categoría, ni licencia o seguro obligatorio bajo ese régimen. Pero hay límites claros. El vuelo BVLOS queda excluido; superar los 122 metros, equivalentes a 400 pies AGL, también exige otro tratamiento. Lo mismo ocurre ante espacio aéreo controlado, proximidad u operación sobre rutas, infraestructura crítica, concentraciones de personas o áreas protegidas.

En otras palabras, una misión de fotogrametría forestal debe diseñarse desde el principio como VLOS cuando se pretende operar en Categoría Abierta. Eso condiciona el tamaño de los bloques, la ubicación de piloto y observadores cuando correspondan, las baterías, los puntos de despegue y la continuidad de la línea visual. Pretender cubrir una gran extensión desde un único punto y luego justificarlo como VLOS es una mala práctica operativa.

Cuando la operación sale de esas condiciones, entra en juego la RAAC Parte 102, Categoría Específica, que requiere evaluación de riesgos y puede demandar autorización particular de ANAC, procedimientos, manuales, formación, seguro y medidas de mitigación acordes al escenario. Un relevamiento forestal puede parecer remoto, pero una ruta provincial, una línea eléctrica, un aeródromo cercano o trabajadores distribuidos en el área pueden modificar el encuadre.

Antes de volar, conviene ordenar el trabajo en una secuencia simple:

  • Delimitar el polígono y revisar accesos, caminos, tendidos, antenas, viviendas, cursos de agua y sectores sensibles.
  • Confirmar el encuadre aeronáutico, la condición del espacio aéreo, los límites de altura y la vigencia del registro del RPA.
  • Definir resolución objetivo, altura de vuelo, solapamientos, horario de captura y protocolo ante pérdida de datalink o ingreso de terceros.
  • Coordinar con el responsable del predio y con el equipo forestal la ubicación exacta de parcelas, subparcelas y puntos de control.
  • Documentar misión, configuraciones, baterías, incidencias y respaldo de archivos para asegurar trazabilidad.

Además, la habilitación aeronáutica no reemplaza permisos de acceso, autorizaciones ambientales ni obligaciones que puedan corresponder por la condición particular del predio. ANAC regula la operación aérea del RPA; los criterios de conservación, manejo de bosque nativo y estándares de carbono pertenecen a otros ámbitos técnicos y administrativos.

El caso santiagueño deja una enseñanza concreta: los drones pueden reducir tiempos de relevamiento y agregar detalle donde el satélite no llega con la misma precisión, pero su mejor versión aparece cuando vuelan dentro de un diseño de muestreo. Esta semana, revisá si tus plantillas de misión incluyen la ubicación de parcelas y restricciones aeronáuticas; después, armá una ficha de captura que documente altura, resolución, solapamiento y condiciones del vuelo para cada lote forestal.

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