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Drones térmicos para localizar ganado en el Paraná

28/10/2026
La creciente del Paraná impulsa el uso de drones térmicos para localizar ganado disperso en islas anegadas y acelerar su evacuación. El caso de Flyagro permite analizar el valor de combinar térmica, cámara RGB, planificación de baterías y coordinación terrestre. También repasa cuándo estas misiones rurales encuadran en RAAC Parte 101 y cuándo requieren autorización específica bajo la Parte 102.

Hace cinco años, buscar ganado disperso en una isla anegada significaba horas de lancha, caballos donde todavía se podía pasar, gente a pie y bastante intuición. Hoy, un RPA con cámara térmica puede recorrer sectores extensos, marcar puntos de interés y orientar una juntada en una fracción de ese tiempo. La noticia de Flyagro, que reportó la inspección de unas 2.000 hectáreas en poco más de medio día durante la creciente del Paraná, muestra una aplicación concreta: usar tecnología para sacar animales antes de que el agua termine de cerrar las opciones.

Pero conviene bajar el entusiasmo a tierra. Literalmente. En una isla inundada no alcanza con despegar, mirar una pantalla con manchas de color y prometer resultados. Hay viento, humedad, reflejos, vegetación, baterías que se consumen más rápido de lo previsto, puntos de despegue que desaparecen y productores apurados porque el rodeo ya no tiene dónde afirmarse.

Ahí aparece el desafío real: convertir una detección térmica en una evacuación ordenada, segura y dentro de la norma.

La creciente del Paraná cambia la búsqueda de ganado

Según informó Elonce, la empresa Flyagro trabaja con un Matrice 4T para ubicar hacienda extraviada en islas afectadas por la creciente. El equipo combina cámara térmica e imagen visible con zoom, una configuración lógica para este tipo de misión: la térmica sirve para detectar contrastes de temperatura y la cámara RGB ayuda a verificar qué se está viendo.

En el relato de Néstor Hereñú hay un dato operativo relevante: no se cubrió la isla desde un único despegue. Fueron moviendo la base y realizando un barrido en abanico con distintas baterías. Esa es la parte menos vistosa y más importante del trabajo. La autonomía publicada por cualquier fabricante sirve como referencia, pero sobre agua, con viento y con maniobras frecuentes, la planificación tiene que hacerse con margen.

Un bovino puede dar una firma térmica clara al amanecer o cerca del atardecer, cuando existe suficiente diferencia entre la temperatura corporal y el fondo. A mediodía, con suelo expuesto, pajonales calientes, barro húmedo y espejos de agua, la escena se complica. La cámara térmica detecta radiación infrarroja; no reconoce automáticamente una vaca, ni reemplaza la confirmación visual del operador.

También hay que contemplar el comportamiento animal. La hacienda de isla puede ser más arisca y dispersarse cuando hay movimiento de personas, embarcaciones o perros. Volar demasiado bajo o insistir sobre un grupo no ayuda a reunirlo. Puede empeorar la situación.

Qué permite la normativa ANAC en una búsqueda rural

Una misión de drones térmicos para localizar ganado puede encuadrar en la Categoría Abierta de la RAAC Parte 101 cuando se realiza en ámbito rural y se cumplen todas las condiciones operativas aplicables: RPA registrado y matriculado, operación dentro de alcance visual del piloto, altura máxima de 122 metros AGL y sin ingresar en sectores restringidos.

La clave está en el detalle. La isla puede estar lejos de una ciudad y seguir presentando condicionantes: una ruta en la costa, líneas eléctricas, infraestructura de comunicaciones, tránsito fluvial con zonas de operación sensibles o proximidad a espacio aéreo controlado. En esos casos no alcanza con asumir que el paisaje es rural. Hay que revisar el área antes de armar la misión.

La operación deja de ser de Categoría Abierta cuando se pretende trabajar BVLOS, superar los 122 metros AGL, operar en espacio aéreo controlado, sobrevolar concentraciones de personas, acercarse a infraestructura crítica o ingresar en áreas protegidas. Bajo la RAAC Parte 102, el operador debe tramitar una autorización específica ante ANAC, con evaluación de riesgo y plan operativo.

Esto merece una aclaración práctica: extender el recorrido con observadores no convierte por sí solo una misión BVLOS en VLOS. El piloto debe poder mantener la aeronave a la vista y controlarla con seguridad. En islas grandes, con árboles, bañados y cambios de base, el límite visual llega antes de lo que parece sentado frente al monitor.

Antes de salir al campo, una revisión de espacio aéreo, geofencing, meteorología, comunicaciones y puntos alternativos de aterrizaje evita que una búsqueda urgente termine en una improvisación. La urgencia de un productor es entendible; el riesgo aeronáutico sigue estando ahí.

La térmica encuentra indicios, la operación confirma animales

El aporte del payload térmico es muy concreto: reducir el área de incertidumbre. En vez de mandar una cuadrilla a recorrer a ciegas un pajonal o una loma aislada, el equipo de vuelo puede entregar coordenadas, imágenes de referencia y una prioridad de búsqueda. Eso ahorra tiempo, combustible y exposición de personas en terreno anegado.

La fuente señala que, a unos 200 metros, la cámara convencional permite identificar caravanas, señales o rasgos particulares. Puede ser posible con buena luz, óptica adecuada, animal quieto y una geometría favorable. No debería transformarse en una promesa estándar. La lectura de una caravana depende de la resolución efectiva sobre el objetivo, del movimiento, de la vegetación, de la compresión de imagen y de la estabilidad de la plataforma.

El insight menos obvio es que la térmica rinde mejor cuando se integra a un procedimiento de dos etapas. Primero, detección amplia con trayectorias ordenadas y solapamiento suficiente. Después, verificación RGB, registro de coordenadas y comunicación con la gente que va a hacer la juntada. Volar sin una planilla, sin nomenclatura para los hallazgos y sin un canal claro con el personal de tierra produce videos interesantes, pero poca capacidad de respuesta.

Para quienes trabajan el agro desde una mirada profesional, esa lógica de relevamiento, cobertura y lectura de datos también forma parte de la capacitación en drones aplicados al campo. El equipo es apenas una parte de la solución; el método define si el vuelo termina siendo útil.

Qué se le exige al operador cuando el terreno ya está comprometido

En una creciente, el piloto no opera desde el lugar ideal. Opera desde donde puede. Eso obliga a recalcular varias decisiones básicas: dónde armar la estación de control, cómo proteger baterías y cargadores, qué margen dejar para volver con viento en contra y qué ocurre si se pierde el enlace detrás de una cortina de árboles.

Un checklist breve y serio debería incluir, como mínimo:

  • verificación de matrícula, estado de baterías, hélices y sensores antes de embarcar;
  • definición de sectores de búsqueda, altura, velocidad, solapamiento y puntos de retorno;
  • identificación de personas, animales, embarcaciones e infraestructura antes de cada despegue;
  • coordenadas claras para que el equipo de tierra pueda llegar al punto detectado;
  • criterio de abortaje por viento, lluvia, pérdida de visibilidad o degradación del datalink.

Hay otro límite que el marketing suele barrer debajo de la alfombra: la cámara térmica no ve a través de todo. Una copa cerrada, un monte espeso o determinadas condiciones de humedad pueden ocultar parcial o totalmente al animal. El operador experimentado no vende infalibilidad; informa nivel de confianza, pide una segunda pasada cuando hace falta y documenta qué sector quedó efectivamente cubierto.

En este escenario, además, la coordinación pesa tanto como el pilotaje. Productor, personal de isla, embarcación, piloto y eventualmente autoridades locales deben saber qué está buscando cada uno. Un punto marcado sin acceso posible no resuelve el rescate.

Una oportunidad profesional que pide método

La creciente del Paraná expone una necesidad concreta y recurrente: localizar animales rápido cuando cada hora reduce el margen para trasladarlos. Allí hay trabajo técnico para operadores capaces de planificar misiones VLOS, interpretar imágenes térmicas, entregar información accionable y reconocer cuándo el perfil de la operación exige pasar a Categoría Específica.

También habrá que ver cómo evoluciona la demanda y si aparecen protocolos comunes entre productores, municipios, brigadas y prestadores privados. Hoy muchas respuestas nacen de la urgencia. El paso siguiente debería ser una red de trabajo con procedimientos repetibles, registros de misión y formación enfocada en búsqueda, coordinación y seguridad.

Esta semana, revisá en tu zona los límites de espacio aéreo y posibles obstáculos de una misión rural antes de ofrecer un servicio térmico. Después, armá un plan de barrido simple con sectores, autonomía conservadora y formato de reporte; la formación en búsqueda y rescate con drones SAR puede aportar herramientas concretas para ordenar esa práctica.

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