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Drones térmicos en búsqueda SAR: lo que aportan en el Paraná

02/11/2026
La búsqueda de Fabián Falcón en el río Paraná incorporó drones térmicos, buzos tácticos y cinco embarcaciones. El caso permite analizar el aporte real de la termografía en misiones SAR, sus límites sobre el agua, la necesidad de coordinación con recursos fluviales y las exigencias operativas y regulatorias para vuelos complejos en Argentina.

Un dron térmico no vuelve eficaz a un operativo de búsqueda por el solo hecho de despegar. Puede ampliar la capacidad de rastreo, reducir exposición del personal y ordenar sectores enormes en poco tiempo, pero también puede generar una falsa sensación de cobertura cuando se lo usa sin una táctica clara. En un río como el Paraná, con corriente, viento, embarcaciones, márgenes cambiantes y horas de búsqueda acumuladas, la cámara térmica es una herramienta seria. No un milagro de catálogo.

La noticia difundida por Diario Norte sobre la búsqueda de Fabián Falcón muestra un despliegue que merece leerse con atención técnica. La Policía del Chaco incorporó drones térmicos de su División VANT, junto con buzos tácticos, cinco embarcaciones, rastrillajes terrestres y personal especializado, en coordinación con Policía de Corrientes y Prefectura Naval Argentina. Es el tipo de escena donde el RPA puede aportar mucho, siempre que quede integrado al mando del operativo y no funcione como un equipo aislado que sale a “mirar desde arriba”.

¿Un dron térmico puede encontrar a una persona en el río Paraná?

Puede ayudar, pero depende por completo de la situación de la persona buscada, del momento de la misión y del sector relevado. Esa es la respuesta que un piloto tiene que escuchar antes de prometer resultados a una fuerza, una familia o un coordinador de emergencia. La termografía detecta diferencias de temperatura aparente entre una superficie y otra; no ve a través del agua ni convierte un cauce turbio en una pantalla transparente.

Cuando una persona está parcialmente expuesta sobre una costa, un banco de arena, vegetación baja, una embarcación o una estructura ribereña, el payload térmico puede marcar una diferencia. También puede servir para identificar indicios que después deben ser verificados por una patrulla fluvial o un equipo terrestre. Una firma térmica aislada, sin validación visual y sin coordenadas útiles, no alcanza para orientar un recurso crítico.

Sobre el agua, el escenario cambia. El comportamiento térmico de la superficie depende de la hora, la radiación solar acumulada, el oleaje, la temperatura ambiente, la humedad, el viento y el movimiento de la corriente. Un cauce ancho puede devolver reflejos, contrastes débiles y zonas de lectura inestable. Además, la inmersión modifica rápidamente la posibilidad de detectar calor corporal. En una búsqueda prolongada, concentrar la expectativa en el sensor térmico sería un error operativo.

Por eso tiene sentido que el operativo informado combine recorridas fluviales, observación de ambas costas, barrido de buzos tácticos, rastrillajes a pie y sobrevuelos. Cada recurso cubre una limitación del otro. El dron puede revisar desde arriba accesos complejos, recodos, islas, bancos y sectores de vegetación donde una embarcación tarda más o no puede aproximarse con seguridad. Los buzos trabajan otra capa del problema. La patrulla fluvial aporta movilidad, presencia y capacidad de confirmar hallazgos.

La cámara térmica trabaja mejor con un plan de búsqueda SAR

La diferencia entre volar y aportar información aparece antes del despegue. En una misión de búsqueda SAR, el equipo necesita recibir un área priorizada, una última posición conocida o estimada, información sobre corriente y viento, sectores ya revisados, puntos de embarque, rutas seguras y canales de comunicación. Sin esa base, el operador termina haciendo barridos amplios que producen video, pero no necesariamente decisiones.

En el caso de Fabián Falcón, la fuente sitúa la desaparición cerca del Club Boca Unidos y la playa Arazaty, en Corrientes, luego de que un temporal sorprendiera a la embarcación. La ampliación del despliegue desde el Dique Barranqueras hacia las costas correntinas ilustra una dificultad habitual: el área de interés no queda quieta. En ambiente fluvial, el paso de las horas puede modificar las prioridades de búsqueda y obligar a redistribuir medios entre margen, costa, bancos de arena y tramos aguas abajo.

Ahí el operador de RPA tiene que aceptar una regla poco vistosa: la autonomía comercial anunciada rara vez es la autonomía útil en campo. El viento consume batería, la humedad complica el equipo, las maniobras de reposicionamiento restan minutos y el retorno seguro no se negocia. También hay que contemplar baterías de reserva, punto de carga, transporte estanco, pantallas legibles al sol, observador visual, relevo de tripulación y una forma concreta de registrar coordenadas, hora y rumbo de cada indicio.

El cliente apura, el jefe del operativo necesita respuestas y la familia espera novedades. Justamente por eso hay que sostener el método. Un barrido térmico ordenado debe contemplar altura AGL, velocidad, solape visual, orientación respecto de la costa y capacidad real de identificación del sensor. Subir demasiado para “ver todo” suele convertir a una persona, un objeto o un punto caliente en pocos píxeles imposibles de interpretar.

Termografía, RGB y confirmación en tierra

El canal térmico no debería trabajar solo. La cámara visible RGB permite contextualizar una anomalía: distinguir una persona de una roca calentada, una chapa, un motor, un animal o un reflejo. Según las condiciones, puede convenir detectar con térmica y confirmar con RGB, o alternar ambos sensores sobre el mismo corredor. El resultado útil no es una captura llamativa: es una ubicación que una embarcación, un buzo o una patrulla terrestre pueda verificar sin perder tiempo.

También importa cómo se entrega esa información. Decir “hay algo en la costa” es de poca ayuda. Informar un punto georreferenciado, el margen, un rumbo de aproximación, la hora del avistaje y una referencia visual cercana permite mover recursos con otra precisión. En operaciones extensas, un registro simple y consistente evita revisar repetidamente el mismo sector y ayuda a documentar qué área fue cubierta, con qué sensor y bajo qué condiciones.

VLOS, BVLOS y coordinación aérea en una emergencia

Que una misión sea urgente no elimina los riesgos aeronáuticos. El río Paraná concentra tránsito fluvial, puentes, zonas urbanas en sus márgenes y, según el área concreta, posibles condicionantes de espacio aéreo. Un RPAS de búsqueda debe coordinar su empleo con el responsable del operativo, con las autoridades competentes y, cuando corresponda, con los servicios de navegación aérea. No alcanza con activar el geofencing del fabricante y confiar en que la aplicación resuelva el escenario.

La normativa argentina citada en el material disponible para este análisis establece que las operaciones que exceden las condiciones de Categoría Abierta, entre ellas los perfiles BVLOS, el vuelo por encima de 122 metros AGL o ciertos escenarios sobre personas, infraestructura y espacio aéreo condicionado, deben encuadrarse en la Categoría Específica. Allí corresponde una evaluación de riesgos, mitigaciones y la autorización aplicable de ANAC, además de las coordinaciones que demande el entorno operacional.

Una búsqueda fluvial puede realizarse dentro de VLOS desde una costa o una embarcación, pero sostener esa condición exige honestidad. La línea visual directa se pierde rápido entre vegetación, curvas del río, distancia, bruma y contraste bajo. Decir que se opera VLOS mientras el RPA recorre kilómetros aguas abajo no convierte el perfil en VLOS. Y cuando la operación requiere extender cobertura, el procedimiento legal y operativo debe reflejarlo.

La fuente periodística confirma la participación de la División VANT y la coordinación con Prefectura Naval Argentina, Policía de Corrientes y Policía del Chaco, pero no detalla perfiles de vuelo, alturas, sectores exactos, matrícula de las aeronaves ni autorizaciones tramitadas. Sería irresponsable afirmar desde afuera que hubo o no cumplimiento de cada requisito. Lo correcto es señalar que una misión de esta complejidad necesita esa arquitectura de coordinación, particularmente si se despliega cerca de una ciudad, sobre un río navegable y con varios organismos en escena.

El operador SAR necesita entrenamiento que sobreviva al terreno

Un buen piloto de inspección o audiovisual no se convierte automáticamente en operador de búsqueda y rescate por comprar una cámara térmica. En SAR aparecen decisiones que casi nunca entran en una producción convencional: cómo no contaminar un sector, cómo informar sin saturar la radio, cuándo aterrizar para no interferir con una aeronave tripulada, cómo relevar a un piloto fatigado y cómo sostener evidencia operativa si después hay que reconstruir la misión.

La capacitación específica sirve para trabajar esas fricciones antes de estar frente a un caso real. En el Curso de Búsqueda y Rescate con Drones SAR de DronesVIP, el foco está puesto precisamente en la preparación de quienes integran o buscan integrar este tipo de redes de respuesta. Es una línea de formación necesaria: el dron es apenas una parte de un sistema en el que intervienen comunicaciones, cartografía, seguridad operacional, logística y mando.

Hay además una cuestión de humildad profesional. En una búsqueda de personas, la presión emocional puede empujar a despegar con cualquier clima, desde cualquier lugar y con cualquier configuración. Pero un RPA perdido por ráfagas, una batería agotada sobre el agua o un dron que invade la trayectoria de una aeronave de apoyo agrega un problema al operativo. A veces, la decisión técnica correcta es esperar una ventana de viento más manejable, cambiar el punto de lanzamiento o dejar que otro recurso cubra primero el sector.

Lo que deja el despliegue en la búsqueda de Fabián Falcón

El operativo desplegado desde Chaco hacia Corrientes muestra que los drones térmicos ya forman parte de las herramientas disponibles para la búsqueda SAR en Argentina. Bien empleados, aportan visión aérea, velocidad de reconocimiento y capacidad de revisar zonas difíciles de acceder. Mal integrados, consumen baterías, atención y horas de personal sin mejorar la probabilidad de hallar indicios relevantes.

Todavía no está claro qué condiciones meteorológicas enfrentaron los vuelos, qué sectores cubrieron los RPA, qué resolución y alcance tenían sus sensores ni cómo se procesó la información captada. Esos datos cambian mucho la evaluación técnica. También dependerá de factores externos, como la evolución de la corriente, la visibilidad, la disponibilidad de medios fluviales y las decisiones del comando de búsqueda. La tecnología puede empujar la operación hacia adelante, pero en el Paraná la respuesta final sigue dependiendo de un trabajo coordinado que ningún dron puede reemplazar por sí solo.

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