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Congreso Internacional de Drones: formación y regla ANAC

15/10/2026
Educación Técnica de Tucumán presentó en el Congreso Internacional de Drones un plan con equipos multiespectrales, software agronómico y hubs tecnológicos. El artículo analiza cuándo estas prácticas pueden encuadrarse en RAAC Parte 101 y cuándo requieren RAAC Parte 102, con foco en VLOS, BVLOS, altura, CTR, gestión de riesgos, documentación y formación profesional.

A primera hora, en un lote de práctica de una escuela agrotécnica tucumana, un grupo prepara el despegue de un DJI Mavic 3 equipado para captura multiespectral. Hay viento leve, el cultivo todavía conserva rocío y una notebook espera las imágenes para procesarlas. La escena parece estrictamente educativa, pero contiene una operación aeronáutica: hay una RPA en vuelo, un operador responsable, un espacio aéreo que verificar y datos que después podrán orientar decisiones agronómicas.

La noticia de la participación de Educación Técnica de Tucumán en el Congreso Internacional de Drones, realizado en la Sociedad Rural, vuelve visible una consulta frecuente entre alumnos, docentes y pilotos que trabajan con el agro: ¿una escuela técnica puede entrenar alumnos con drones agrícolas bajo la categoría abierta o necesita encuadrarse como operación específica ante ANAC?

La respuesta breve es que depende de cómo se vuele, dónde se vuele y qué se pretenda enseñar. La incorporación de equipos no define por sí sola el encuadre regulatorio. Un Tello usado en un ámbito didáctico no presenta el mismo perfil operacional que un relevamiento multiespectral con una RPA de mayor porte en una explotación rural, aunque ambos formen parte de un mismo trayecto educativo.

El Congreso Internacional de Drones como señal de una formación más técnica

Según informó el Ministerio de Educación de Tucumán el 25 de septiembre de 2026, la directora de Educación Técnica y Formación Profesional, Ana García Salemi, presentó en el Congreso Internacional de Drones el plan provincial orientado a talleres y prácticas agropecuarias. La inversión informada asciende a $46.501.900 y fue articulada mediante el Instituto Nacional de Educación Tecnológica, INET.

El equipamiento mencionado incluye kits de vuelo multiespectral DJI Mavic 3, drones didácticos Tello, estaciones portátiles Asus TUF y licencias de Pix4D Fields. No es un detalle de inventario. Esa combinación describe una cadena de trabajo concreta: planificación de misión, adquisición de imágenes, descarga, procesamiento fotogramétrico o analítico e interpretación agronómica.

La provincia también expuso un modelo denominado Inteligencia Logística por Red Nodal, con dos hubs tecnológicos de resguardo, Centro y Sur, desde los cuales se distribuiría el instrumental a escuelas satélites según sus calendarios formativos y productivos. Es una solución razonable frente al costo de los sensores, computadoras y licencias, especialmente en una red educativa con establecimientos distantes entre sí.

Pero la logística no reemplaza al sistema de seguridad operacional. Cada traslado del equipo, cada cambio de predio y cada nueva comisión de alumnos implica revisar condiciones locales. Un campo puede ser rural y, aun así, estar próximo a una CTR, una ruta, una línea eléctrica o una instalación sensible. La condición de escuela tampoco convierte automáticamente una misión en una actividad exenta de las reglas aeronáuticas.

RAAC Parte 101: cuándo una práctica educativa puede operar en categoría abierta

La Resolución ANAC 550/2025 estableció el marco vigente para la operación de aeronaves pilotadas a distancia y organizó el régimen alrededor de las categorías Abierta, regulada por la RAAC Parte 101, y Específica, regulada por la RAAC Parte 102. Para una escuela agrotécnica, esta división importa más que la marca del drone o la finalidad pedagógica declarada.

La categoría abierta puede resultar aplicable a operaciones rurales realizadas en condiciones de menor complejidad operacional. El punto central es que el vuelo permanezca dentro de los parámetros permitidos: operación visual directa, conocida como VLOS; altura de hasta 122 metros o 400 pies AGL; ausencia de sobrevuelo de concentraciones de personas; y respeto por las limitaciones del espacio aéreo y del entorno.

En una práctica bien diseñada, el docente puede delimitar un sector despejado, establecer una zona de despegue y aterrizaje, designar al operador, mantener a los demás alumnos fuera del área de riesgo y ejecutar una misión a baja altura sobre un lote. Ese supuesto puede estar dentro de la Parte 101, siempre que la evaluación real del lugar confirme que no existen factores excluyentes.

Conviene insistir en una distinción que suele perderse en conversaciones informales: volar sobre un cultivo no equivale a volar sin restricciones. El suelo rural reduce ciertos riesgos vinculados a terceros, pero no elimina el riesgo aeronáutico. La proximidad a aeródromos, helipuertos, corredores utilizados por aviación agrícola o infraestructura crítica obliga a analizar cada escenario con cuidado.

También hay una diferencia práctica entre enseñar pilotaje y enseñar teledetección. En el primer caso, puede alcanzarse una competencia inicial con circuitos controlados y maniobras visuales. En el segundo, el objetivo requiere planificar solapes, altura, velocidad, orientación de líneas, incidencia solar, calibración del sensor y calidad de los datos. La RPA es apenas una parte del sistema.

Para quienes quieren profundizar esta etapa técnica, la formación en toma de imágenes multiespectrales con drones permite trabajar precisamente sobre detección con sensores, configuraciones, alineación de fotos, ortomosaicos y procesamiento. Esa capacitación tiene sentido cuando se entiende que una imagen aérea no constituye por sí misma un diagnóstico productivo.

BVLOS, CTR y altura: el límite entre práctica escolar y operación específica

La línea se vuelve más clara ante ciertos supuestos. Una operación BVLOS, es decir, más allá de la línea visual directa del piloto, queda fuera de la categoría abierta y debe abordarse bajo la RAAC Parte 102. Da igual que la misión ocurra sobre un campo, que persiga fines formativos o que el equipo cuente con funciones de retorno automático. La automatización no sustituye la exigencia normativa.

Lo mismo ocurre cuando se pretende superar los 122 metros AGL, operar en espacios aéreos controlados o dentro de una CTR, realizar actividades sobre concentraciones de personas o incorporar riesgos relevantes por proximidad a rutas, instalaciones estratégicas o infraestructura crítica. En esos casos, la discusión deja de ser solamente didáctica. Pasa a ser documental, procedimental y de gestión del riesgo.

La RAAC Parte 102 exige que el explotador estructure una operación específica con documentación y análisis acordes a su perfil. De acuerdo con el marco disponible, esto implica un Manual de Operaciones y un sistema de gestión de riesgos, además de la declaración formal ante ANAC y, cuando corresponda, la autorización expresa. No alcanza con que el vuelo sea técnicamente posible.

En ámbitos profesionales, ese análisis suele acercarse a una lógica SORA: identificar peligros, estimar exposición en tierra y aire, establecer mitigaciones y demostrar que los procedimientos pueden sostenerse. La normativa argentina no debe leerse como una mera lista de prohibiciones. Busca que el explotador pruebe que conoce su operación, sus límites y sus medidas de contingencia.

Una escuela que planee entrenar operaciones avanzadas tiene, por eso, dos caminos muy distintos. Puede simular la planificación BVLOS sin despegar más allá de VLOS, usando ejercicios de gabinete y recorridos controlados. O puede preparar una operación real bajo Parte 102, con el respaldo administrativo, técnico y operativo que corresponda. Presentar una práctica simulada como si fuera una habilitación para operar BVLOS sería una mala formación.

En este punto aparece una zona gris que deberá administrarse con prudencia: todavía no está claro cómo se instrumentará, en cada jurisdicción educativa, la figura del explotador responsable cuando el equipo sea compartido por una red nodal. El hub puede resguardar un drone, pero alguien debe definir quién asume el control documental, quién verifica su estado, quién conserva registros y quién autoriza la salida a cada establecimiento.

El dato multiespectral no corrige una misión mal planificada

La presencia de Pix4D Fields en el programa tucumano confirma que la propuesta apunta a agricultura de precisión y no sólo a la experiencia de vuelo. Las cámaras multiespectrales permiten capturar bandas que luego se combinan para observar variabilidad dentro de un lote. Índices como NDVI pueden aportar información útil sobre vigor vegetal, siempre dentro de una lectura agronómica contextualizada.

Hay una tentación frecuente: asumir que un mapa de colores equivale a una recomendación productiva. No es así. La información debe contrastarse con recorridas a campo, estado fenológico, condiciones hídricas, tipo de cultivo y otros antecedentes disponibles. La calidad de la decisión depende tanto de la misión aérea como de la interpretación posterior.

Un programa formativo serio debería enseñar a revisar el payload, la autonomía efectiva, las condiciones de iluminación, la consistencia de los solapes y la trazabilidad del procesamiento. También debería dejar claro que una licencia de software no garantiza resultados técnicamente defendibles. El operador necesita criterio para reconocer imágenes incompletas, artefactos de ortomosaico o indicadores mal interpretados.

En operaciones de mayor alcance, el servicio de teledetección y análisis con cámaras multiespectrales de DronesVIP refleja el estándar profesional que debería acercarse a la formación: sensores adecuados, procesamiento de datos geoespaciales y diagnóstico orientado a la gestión de recursos. La escuela no necesita replicar toda la estructura de una empresa, pero sí formar alumnos que comprendan por qué esa estructura existe.

La red nodal necesita procedimientos, no sólo equipos compartidos

La idea de concentrar recursos en nodos Centro y Sur tiene una ventaja evidente: evita que equipos costosos queden subutilizados o guardados sin mantenimiento. En educación técnica, donde los presupuestos son finitos y la renovación tecnológica es rápida, compartir puede ser más eficiente que multiplicar inventario.

El riesgo aparece cuando la circulación del equipo no viene acompañada de una circulación equivalente de responsabilidades. Un Mavic que pasa de una escuela a otra debería llegar con control de baterías, registro de ciclos, inspección de hélices, estado de firmware, versión de geofencing, revisión de almacenamiento y documentación de incidentes previos. La continuidad operacional empieza antes del despegue.

También conviene definir quién realiza la evaluación del sitio. En algunas prácticas bastará con una inspección visual y la confirmación de que se mantienen las condiciones de Parte 101. En otras, habrá que revisar con mayor profundidad la cercanía de espacio aéreo controlado, publicaciones aeronáuticas aplicables, eventuales NOTAM y restricciones propias del predio.

La documentación no tiene glamour, pero evita improvisaciones. Un protocolo que determine responsables, criterios de cancelación, tratamiento de baterías, custodia de tarjetas de memoria y reporte de incidentes protege a alumnos, docentes e institución. Cuando las operaciones requieren el régimen específico, esa disciplina deja de ser una buena práctica y se convierte en parte del cumplimiento regulatorio.

La elaboración de Manual de Operaciones, sistemas de gestión de riesgos y otros documentos técnicos es justamente un campo en el que DronesVIP desarrolla manuales de operación de drones alineados con normativa ANAC. Para una institución educativa, tomar esa lógica documental como referencia puede ser más útil que limitar la enseñanza a la interfaz de una aplicación de vuelo.

Formar egresados con criterio operacional, no sólo con horas de vuelo

La proyección oficial indica que, para el ciclo 2027, 509 egresados de escuelas agrotécnicas tucumanas contarían con competencias avanzadas en teledetección, análisis GIS e inteligencia artificial aplicada al territorio. El número expresa una escala relevante. También eleva la responsabilidad del programa.

Un egresado que comprende VLOS, AGL, CTR, meteorología básica, mantenimiento, privacidad de datos y limitaciones del sensor tendrá mejores herramientas para incorporarse a una empresa, continuar estudios o asistir una explotación familiar. En cambio, un alumno formado exclusivamente para ejecutar despegues automáticos dependerá de la plataforma y tendrá dificultades cuando el escenario deje de ser previsible.

La educación técnica puede cumplir un papel muy concreto en el ecosistema RPA argentino: acercar capacidades donde históricamente hubo barreras de distancia, costo y acceso a tecnología. Tucumán, con su matriz agroindustrial y sus escuelas rurales, tiene razones objetivas para impulsar esta línea. La decisión es valiosa. Su calidad se medirá menos por la cantidad de drones entregados que por la consistencia de los procedimientos y de los resultados formativos.

En los próximos meses habrá que seguir la implementación efectiva de la red nodal, la definición de responsables operativos en cada escuela y el modo en que las prácticas avanzadas se encuadren frente a la RAAC Parte 102. También será relevante observar la agenda del ciclo 2027: cuando esos 509 egresados lleguen al campo laboral, la diferencia estará en saber cuándo basta una operación VLOS de categoría abierta y cuándo corresponde detenerse, documentar el riesgo y gestionar una autorización ante ANAC.

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