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DJI Agras T55: dónde encaja en el campo argentino

20/10/2026
El DJI Agras T55 llega como una alternativa agrícola de escala intermedia, con 50 litros para líquidos y sistema para sólidos. La nota revisa su rendimiento informado, la logística que exige, los límites de VLOS y altura bajo normativa ANAC, y una guía práctica para evaluar si puede sostener una operación real de campo.

¿Qué tendría que cerrar un productor o un prestador antes de invertir US$ 24.000 en un DJI Agras T55 para trabajar en un lote argentino? La respuesta no está solamente en los 50 litros de tanque, las cuatro hectáreas por batería informadas por el distribuidor o la promesa de reducir pisadas. Hay que juntar capacidad real, logística de campaña, condiciones del lote, personal disponible y encuadre normativo. Recién entonces aparece una decisión seria.

Tekron presentó el DJI Agras T55 durante la Expo Rural 2026 como un equipo pensado para quien busca iniciarse en aplicaciones de menor escala, ya sea sobre campo propio o con una primera estructura de servicios. La propuesta es razonable: un RPA agrícola con tanque de 50 litros para líquidos, caudal de hasta 40 litros por minuto y un sistema para sólidos de 80 litros, con capacidad de carga declarada de 55 kg.

Ahora bien, en el campo se suele confundir una ficha técnica atractiva con una operación resuelta. Son dos cosas distintas. He visto equipos muy buenos perder jornadas enteras por falta de agua, energía, mezcla preparada, accesos firmes o alguien que sepa organizar el trabajo alrededor del dron. El avión puede estar perfecto. La operación, no tanto.

El T55 merece atención porque ocupa una escala intermedia dentro del segmento agrícola. Pero antes de llamarlo “ideal para empezar”, conviene mirar qué resuelve y, sobre todo, qué no resuelve.

DJI Agras T55: una escala pensada para lotes y servicios acotados

La información difundida por Agrofy News indica que el Agras T55 logra alrededor de cuatro hectáreas por batería en ensayos a campo. Ese dato sirve como referencia inicial, no como promesa universal de rendimiento. La superficie efectiva siempre depende de variables conocidas por cualquier aplicador: dosis por hectárea, volumen de caldo, cultivo, distancia entre punto de carga y lote, obstáculos, velocidad de trabajo, topografía, viento y tiempos improductivos.

En una pulverización líquida, el tanque de 50 litros puede resultar muy ágil con bajos volúmenes de aplicación, pero obligará a recargas frecuentes cuando la receta demande más agua por hectárea. Ahí aparece una cuenta elemental que muchos dejan para después: la capacidad del tanque no define sola la productividad. La define el sistema completo de abastecimiento.

Un equipo puede tener un caudal máximo de 40 litros por minuto y aun así pasar demasiados minutos detenido. Basta con que la camioneta quede mal ubicada, que el agua esté lejos, que falte un tanque auxiliar o que la persona encargada de preparar el caldo también tenga que atender otra tarea. Después llegan las cuentas optimistas de hectáreas por hora. En el lote, esos minutos se cobran.

El sistema de aplicación de sólidos agrega otra posibilidad de uso. Según la presentación, el T55 incorpora un tanque de 80 litros que admite hasta 55 kg de carga. Puede ser relevante para distribución de materiales granulados, siempre que el producto, la calibración y la condición del cultivo permitan una aplicación uniforme. “Tirar” un sólido desde el aire no equivale automáticamente a distribuirlo bien. La regularidad del flujo, el ancho efectivo, la altura de vuelo y la respuesta del material importan tanto como el volumen de tolva.

También hay elementos de diseño que merecen atención. Tekron destacó un motor por brazo y hélices oscilantes para mejorar la agilidad de giro y reducir consumo energético. Sumó, además, tres cámaras ojo de pez al radar omnidireccional. Es una arquitectura orientada a aumentar la conciencia situacional y a asistir la detección de obstáculos, pero ningún sensor vuelve autónoma una operación agrícola mal planificada.

Un cable bajo, una línea eléctrica, una cortina forestal, un molino, un poste inclinado o una máquina detenida en el perímetro no admiten confianza excesiva. El sistema de detección ayuda; el reconocimiento previo del lote sigue siendo trabajo del equipo humano. Y conviene hacerlo caminando o recorriendo el borde, no descubriendo obstáculos durante la primera pasada cargada.

La baja pisada es uno de los argumentos más sólidos de los RPA agrícolas. En lotes anegados, con accesos comprometidos o en cultivos donde el tránsito terrestre genera pérdidas, un dron puede sostener una ventana operativa que un equipo terrestre no tiene. Pero tampoco hay que vender milagros: el dron evita rodadas sobre el cultivo, aunque no elimina la necesidad de llegar al establecimiento con agua, energía, insumos, baterías y personal.

La comparación con el Agras T100 Dual Battery, presentado como una opción de mayor intensidad y ocho hectáreas por vuelo, ayuda a ubicar al T55. El T100 apunta a otra escala de trabajo. El T55 parece más lógico para quien necesita entrar al segmento sin montar desde el primer día una estructura dimensionada para grandes volúmenes diarios. Esa diferencia importa mucho más que el entusiasmo de una presentación comercial.

Para quienes están evaluando la plataforma antes de una compra, el recurso de DronesVIP sobre qué revisar en el DJI Agras T55 plantea una mirada útil: baterías, carga, soporte, logística y límites de operación deben analizarse junto con la máquina. Es el orden correcto.

La habilitación ANAC y el trabajo fitosanitario no se resuelven con el carnet

La segunda parte del análisis es regulatoria. Y acá aparece uno de los errores más frecuentes en alumnos y operadores nuevos: creer que porque el campo está lejos de una ciudad, todo vuelo rural queda liberado de condiciones. No funciona así.

Con el marco de la Resolución ANAC 550/2025 y las RAAC Partes 101 y 102, una operación rural puede encuadrar en la Categoría Abierta cuando cumple los requisitos aplicables. La información normativa disponible señala que, en ese régimen, el registro digital gratuito y la matrícula LV-R son obligatorios, mientras que en el ámbito rural no se exige licencia de piloto, seguro obligatorio ni autorización previa bajo las condiciones previstas.

Eso no significa que cualquier misión con un Agras T55 sea automáticamente una operación abierta. El peso del RPA, por sí solo, no fija el límite en ese contexto rural según la norma informada. Lo que cambia el encuadre son las características y el entorno de la misión.

Un vuelo VLOS, es decir dentro del alcance visual del piloto remoto, a una altura de hasta 122 metros o 400 pies AGL, en un área rural sin interferencias relevantes, tiene un escenario mucho más simple. Pero hay exclusiones claras. Una operación BVLOS pasa a requerir el marco de Categoría Específica bajo RAAC Parte 102. Lo mismo ocurre al superar los 122 metros AGL o al ingresar en condiciones que demandan una evaluación y autorización acorde al riesgo.

En agricultura, la tentación BVLOS aparece rápido. Lotes largos, cultivos altos, polvo, relieve y la necesidad de “ganar tiempo” llevan a algunos a alejar el RPA más de lo que permite una operación visual genuina. Ver un punto en el horizonte no siempre equivale a mantener control visual efectivo. Menos todavía cuando hay árboles, galpones, variaciones del terreno o reflejos de sol.

También hay que verificar si el predio se encuentra dentro de una CTR, TMA u otro espacio aéreo controlado. Que exista soja, maíz o trigo alrededor no garantiza que el espacio aéreo sea libre. Cerca de aeródromos, rutas aéreas, zonas urbanas o infraestructura estratégica, la planificación necesita otra profundidad y puede requerir coordinación o autorización expresa.

Las rutas nacionales o provinciales, las líneas eléctricas, los gasoductos, las torres de comunicaciones y otras infraestructuras críticas merecen atención particular. Un lote puede parecer aislado, pero tener una ruta sobre uno de sus bordes o una línea atravesándolo. La operación sobre o junto a esos sectores no debe resolverse con una pasada improvisada. Tampoco corresponde sobrevolar personas, incluidas cuadrillas de trabajo presentes en el campo.

La capacidad de cámaras y radar del T55 no reemplaza la responsabilidad del piloto remoto ni convierte al equipo en apto para cualquier escenario. El geofencing, los avisos de obstáculos y las asistencias automáticas son capas de seguridad. No son permisos aeronáuticos.

Hay otra separación que conviene mantener clara: ANAC regula la actividad aeronáutica del RPA, pero la aplicación de productos fitosanitarios involucra además productos, recetas, condiciones ambientales y exigencias que pueden corresponder a autoridades provinciales o locales. Tener el RPA registrado no habilita por sí mismo una aplicación determinada. Quien piense ofrecer servicios debe revisar ambas dimensiones antes de cotizar una hectárea.

En este punto, la formación específica evita una cantidad considerable de errores caros. El curso de drones para campo de DronesVIP resulta pertinente porque trabaja agricultura de precisión, fumigación y operación en condiciones reales de campo, donde la planificación aérea tiene que convivir con agronomía, logística y seguridad.

Cómo evaluar el Agras T55 antes de ponerlo a producir

Antes de comprar o incorporar un DJI Agras T55 a un servicio, conviene hacer una prueba de escritorio honesta. No una planilla para justificar una compra ya decidida. Una que permita encontrar dónde está el cuello de botella.

1. Definir el trabajo que realmente va a hacer

Hay que identificar cultivos, superficies, ventanas de aplicación, dosis habituales y tipo de terreno. Un equipo que trabajará en pequeñas superficies dispersas tiene una lógica de traslado diferente a uno destinado a bloques concentrados. También cambia la necesidad de baterías, agua disponible y personal de apoyo.

La mejor pregunta operativa no es cuántas hectáreas promete el dron, sino cuántas hectáreas útiles puede terminar un equipo de trabajo completo durante una jornada real, incluyendo preparación, traslados internos, recargas, cambios de batería y limpieza. Esa cifra suele bajar la ansiedad y mejorar las decisiones.

2. Armar el circuito de abastecimiento antes del primer vuelo

El circuito debería contemplar acceso, punto de mezcla, agua, combustible o alimentación eléctrica para el sistema de carga, área segura para baterías y ubicación del piloto remoto. La logística debe quedar fuera del área de despegue y de la trayectoria del RPA. El desorden alrededor de una aeronave cargada no es un detalle pintoresco: termina siendo un riesgo.

Las baterías requieren procedimientos consistentes de carga, enfriamiento, transporte e inspección. No conviene tratarlas como un accesorio intercambiable. En la práctica, son parte central de la capacidad diaria del sistema.

3. Relevar el lote y establecer una operación VLOS defendible

Antes de programar pasadas hay que marcar obstáculos, revisar tendidos, caminos, viviendas, trabajadores, áreas sensibles y condiciones de acceso. También corresponde definir dónde se ubicará el piloto para conservar visión directa de la aeronave durante toda la misión. Si la geometría del lote impide un VLOS real, no se arregla estirando el alcance visual. Se replantea la operación bajo el marco regulatorio que corresponda.

La altura debe mantenerse dentro del límite aplicable y referida al terreno, es decir AGL. En campos con desniveles, esa referencia merece más atención de la que suele recibir. Configurar una altura en una pantalla no garantiza por sí solo la separación segura respecto de árboles, postes o cambios de cota.

4. Calibrar y verificar antes de aplicar

Antes de trabajar con producto, hace falta verificar caudal, distribución, patrón de aplicación y funcionamiento de boquillas o sistema de sólidos. La tecnología de boquillas centrífugas con tamaño de gota regulable puede aportar flexibilidad, pero exige criterio técnico. Cambiar el tamaño de gota sin considerar objetivo biológico, condiciones meteorológicas y riesgo de deriva es un atajo peligroso.

Viento, temperatura y humedad condicionan cualquier aplicación. El dron no suspende las leyes físicas. Una herramienta precisa mal usada sigue aplicando mal, sólo que con más electrónica alrededor.

5. Documentar lo realizado y sostener el mantenimiento

Registrar misión, superficie, producto, baterías utilizadas, incidencias y mantenimiento permite detectar fallas antes de que escalen. También ayuda a ordenar un servicio profesional. Un historial técnico vale mucho cuando aparecen vibraciones, pérdidas de rendimiento, alertas del sistema o daños propios del trabajo rural.

Después de operar con líquidos, polvo, tierra y residuos vegetales, la inspección y limpieza no pueden quedar para “cuando haya tiempo”. Para diagnósticos, mantenimiento y pruebas reales de vuelo, el servicio técnico de DronesVIP ofrece cobertura nacional y una alternativa concreta para sostener la disponibilidad del equipo.

El DJI Agras T55 puede encontrar un lugar interesante en el campo argentino, especialmente en lotes donde la pisada, el anegamiento o la escala de trabajo justifican una solución aérea de menor porte que los equipos más grandes. Pero su rendimiento dependerá menos de la presentación comercial que de una operación bien dimensionada, VLOS verificable, logística ordenada y criterios agronómicos firmes. Para quienes quieren avanzar con esa base y no sólo con la máquina, la recomendación puntual es el curso de drones para campo de DronesVIP, porque aborda justamente la brecha entre comprar un RPA agrícola y hacerlo producir con seguridad en condiciones reales.

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