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Drones contra el abigeato: lecciones de Las Heras

14/09/2026
La recuperación de 21 cabras en Las Heras mostró que los drones pueden acelerar búsquedas rurales, pero la distancia informada no prueba un vuelo BVLOS. El caso permite revisar VLOS, registro de evidencia, coordinación con patrullas, límites regulatorios de las RAAC y el valor real de cámaras visuales o térmicas en terreno inculto.

Un dron no resuelve un operativo rural por el simple hecho de despegar. Puede acortar una búsqueda de horas, aportar una visual decisiva y evitar que una patrulla se desgaste en un campo cerrado; pero, sin planificación, comunicaciones y una cadena de evidencia prolija, también puede sumar ruido a una causa. El recupero de 21 cabras denunciadas como robadas en Las Heras, Mendoza, merece atención justamente por eso: la Unidad VANT de la Policía Rural fue incorporada cuando el rastreo terrestre encontró límites concretos.

Según informó Diario UNO, la denuncia se originó en el puesto La Peña, sobre la Ruta Provincial 52. Los efectivos siguieron huellas durante unos 15 kilómetros hacia el este por terreno inculto y luego sumaron drones para ampliar el área de observación. Desde el aire detectaron a los animales agrupados en un corral próximo al puesto El Jahuel, a unos 30 kilómetros del lugar del hecho. Con esa información georreferenciada, la Oficina Fiscal autorizó un allanamiento en el que se recuperaron las cabras.

Es un resultado operativo valioso. También conviene bajarlo a tierra. La distancia entre el puesto damnificado y el sitio del hallazgo no prueba, por sí sola, que el RPA haya volado 30 kilómetros ni que la misión haya sido BVLOS. Pudo haber habido traslado terrestre, varios puntos de despegue, relevos de batería o una búsqueda sectorizada. La nota no informa plataforma, payload, altura, autonomía, duración de los vuelos ni modalidad de operación. Y está bien no completar esos vacíos con épica tecnológica.

Drones contra el abigeato: una ventaja real en terreno inculto

En un campo de monte, huellas cruzadas, alambrados, cauces secos y corrales dispersos complican cualquier seguimiento. A pie, el personal ve poco y se fatiga rápido; desde una camioneta, depende de caminos que muchas veces no existen. Un multirrotor con cámara visual puede recorrer corredores, bordes de aguadas, picadas y recintos ganaderos sin exponer de inmediato a toda la patrulla a una aproximación innecesaria.

La ventaja no está en una toma aérea bonita. Está en reducir incertidumbre: confirmar si hay animales, cuántos parecen ser, si permanecen agrupados, cuál es el acceso más razonable y qué referencias de terreno sirven para orientar al equipo en tierra. En un procedimiento como el de Las Heras, la coordenada aportada por el RPAS cobra valor cuando permite fundar una acción posterior con autoridad judicial.

Eso exige método. Un operador que encuentra ganado debe registrar hora, ubicación, altitud aproximada, rumbo y, cuando el sistema lo permita, conservar los archivos originales y la telemetría. Las capturas reenviadas por mensajería pueden servir para coordinar, pero no reemplazan el material fuente ni su resguardo. En causas por abigeato, donde las marcas de propiedad y la identificación de los animales importan, una imagen aérea puede orientar; la verificación final sigue ocurriendo en el terreno.

El procedimiento derivó además en el secuestro de un piche protegido por la Ley 22.421, una motocicleta con numeración de motor limada y la intervención de otros 63 caprinos y tres caballos bajo la Ley Provincial 6.773. Ese dato recuerda que un vuelo de búsqueda puede terminar abriendo líneas investigativas que no figuraban en el parte inicial. Por eso el encuadre visual debe ser útil, claro y limitado al objetivo operativo y judicialmente habilitado.

El encuadre RAAC depende del perfil de vuelo, no del rótulo policial

La regulación argentina vigente bajo la Resolución ANAC 550/2025 diferencia, entre otros marcos, la Categoría Abierta de la RAAC Parte 101 y la Categoría Específica de la RAAC Parte 102. Una operación rural puede encuadrar en Abierta cuando cumple todas sus condiciones. Bajo ese régimen, la aeronave debe contar con registro digital y matrícula LV-R, mientras que no se exige autorización previa, licencia ni seguro obligatorio para ese encuadre.

Pero “rural” no equivale a “sin restricciones”. En este tipo de misiones, el primer filtro es determinar si la operación se mantiene en VLOS, dentro del alcance visual del piloto o de la organización operativa prevista. El vuelo BVLOS queda fuera de Categoría Abierta y requiere el tratamiento de Categoría Específica, con evaluación de riesgos y autorización previa.

Tampoco alcanza con despegar desde un descampado. Superar 122 metros o 400 pies AGL, ingresar a una CTR o a espacio aéreo controlado, operar sobre concentraciones de personas, cerca de infraestructura crítica o en áreas protegidas puede modificar por completo el encuadre. La cercanía mencionada de la Ruta Provincial 52 obliga, como mínimo, a mirar con cuidado el diseño de la misión: una cosa es que el hecho se haya denunciado sobre esa ruta y otra, muy distinta, es sobrevolar tránsito o usarla como corredor de búsqueda.

Para una unidad estatal, la trazabilidad documental importa tanto como la cámara. Si el perfil operativo exige Categoría Específica, el expediente debe contemplar manual de operaciones, gestión de riesgo, plan de seguridad y la documentación aplicable a la actividad. La RAAC Parte 102 contempla ese análisis para escenarios que exceden los límites de la operación abierta. No se puede deducir desde la noticia cuál fue el marco particular de este procedimiento, y sería imprudente afirmarlo.

Payload, baterías y comunicaciones: lo que la gacetilla no muestra

El comunicado dice que los drones sobrevolaron estratégicamente la zona. Esa frase puede cubrir una operación muy bien montada o apenas un vuelo de oportunidad. En campo, la diferencia la hacen variables poco vistosas: viento sostenido, contraste del suelo, sol bajo, polvo en el despegue, señal irregular, autonomía efectiva y una batería que rinde menos de lo prometido cuando el equipo pelea ráfagas.

Para localizar caprinos durante el día, una cámara RGB con buena resolución, zoom útil y enlace estable puede resultar suficiente, sobre todo si los animales están agrupados dentro de un corral. Una cámara térmica suma capacidad cuando la búsqueda se extiende a amaneceres, atardeceres, monte cerrado o situaciones de baja visibilidad, pero tampoco hace milagros: paredes calientes, piedras expuestas y animales bajo cubierta pueden confundir la lectura. El operador necesita interpretar la escena, no sólo mirar una paleta de colores.

La planificación previa debería incluir un punto de lanzamiento seguro, sectores de rastreo, altura adecuada al relieve, ruta de regreso, baterías de reserva, coordinación radial con la patrulla y criterio claro para reportar un hallazgo. También sirve definir quién recibe la coordenada y cómo la valida. Una latitud y longitud mal copiadas en un campo sin referencias pueden hacer perder más tiempo del que ahorró el vuelo.

Hay un antecedente útil para mirar esta clase de procedimientos con más profundidad: el recurso de DronesVIP sobre drones térmicos contra el abigeato aborda justamente la distancia entre una detección aérea y una intervención coordinada en tierra. La plataforma ayuda a ver antes; la operación completa debe permitir actuar mejor.

Qué le deja este operativo al piloto que trabaja en rural

Para un piloto comercial, un productor o alguien que presta apoyo técnico en establecimientos ganaderos, el caso de Las Heras deja una advertencia sana: localizar animales no convierte automáticamente al operador en parte de una investigación policial. Ante un posible delito, hay que informar a la autoridad competente, preservar el registro, evitar confrontaciones y no improvisar ingresos a propiedades ajenas. El dron puede documentar desde una posición segura; el allanamiento y la constatación tienen otro marco.

También conviene separar monitoreo productivo de vigilancia reactiva. El conteo de ganado, la revisión de alambrados, el seguimiento de aguadas y la detección de animales dispersos son tareas habituales de gestión rural. Un presunto robo introduce personas, vehículos, límites de predios y eventual prueba judicial. Cambian los riesgos, cambian las comunicaciones y puede cambiar la categoría regulatoria aplicable.

En la práctica, el cliente apura, el viento levanta y la batería no negocia. Por eso una misión de búsqueda debe tener umbrales de cancelación definidos antes de llegar al campo: pérdida de datalink, visibilidad insuficiente, presencia de terceros en la zona de despegue, fauna sensible o condiciones meteorológicas que comprometan el retorno. Insistir para “sacar una pasada más” es una mala decisión bastante conocida por quienes trabajan lejos de la ciudad.

Lo que habrá que seguir después del caso de Las Heras

En los próximos meses habrá que observar si las unidades rurales comunican más datos técnicos de sus procedimientos: modalidad VLOS o BVLOS, preservación de telemetría, coordinación con fiscalías y criterios de empleo de sensores térmicos. También será relevante cómo se consolida la aplicación de las RAAC Partes 101 y 102 luego de la Resolución ANAC 550/2025, especialmente para misiones extensas de seguridad pública y búsqueda rural. La recuperación de 21 cabras muestra un uso concreto del RPAS; el desafío pendiente es que cada despliegue pueda sostenerse con la misma solidez en el aire, en el expediente y en el barro.

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