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Drones para anticipar el rendimiento del maíz

02/11/2026
El INTA Pergamino desarrolló modelos con drones multiespectrales y térmicos para estimar variables vinculadas al rendimiento del maíz. La cobertura verde superó al NDVI como predictor de radiación interceptada en los ensayos analizados. La nota revisa los alcances agronómicos del avance, la necesidad de validación y las condiciones operativas que establecen las RAAC 101 y 102.

Investigadores de la Estación Experimental Agropecuaria Pergamino del INTA desarrollaron modelos para anticipar variables asociadas al rendimiento del maíz mediante drones equipados con sensores multiespectrales y térmicos. Los resultados preliminares informados superaron el 92% de precisión en híbridos comerciales, mientras que en líneas de maíz alcanzaron el 86%.

El trabajo evaluó más de 60 indicadores obtenidos desde imágenes aéreas para estimar la fracción de radiación solar interceptada por el cultivo. Entre todos ellos, el porcentaje de cobertura verde fue el predictor más efectivo, incluso por encima de índices ampliamente utilizados como el NDVI.

Drones para anticipar el rendimiento del maíz: el desafío detrás del dato

La noticia entusiasma, y con razón. Poder estimar temprano cómo viene un cultivo de maíz cambia la calidad de muchas decisiones: desde el seguimiento de ensayos de mejoramiento genético hasta la delimitación de ambientes, la priorización de recorridas y la asignación de tiempo técnico en lotes extensos. En una campaña atravesada por variabilidad hídrica, diferencias de suelo y ventanas operativas cada vez más ajustadas, tener información aérea de alta resolución puede ahorrar semanas de observación manual.

Pero conviene leer el resultado con precisión. El INTA no anunció una fórmula universal para predecir kilos por hectárea a partir de una imagen tomada desde cualquier dron. Desarrolló modelos que relacionan variables observadas desde el aire con la radiación interceptada por el cultivo, una variable fisiológicamente relevante para explicar el crecimiento. La diferencia parece semántica, pero operativamente es enorme.

El rendimiento final de un maíz depende de un conjunto de factores que no quedan todos expuestos en una ortofoto: disponibilidad de agua durante etapas críticas, fertilidad efectiva, densidad de plantas, uniformidad de emergencia, sanidad, genética, manejo y eventos meteorológicos posteriores al vuelo. Un modelo puede ser muy sólido dentro de las condiciones donde fue entrenado y, sin embargo, perder capacidad predictiva cuando se lo traslada sin ajuste a otra región, fecha de siembra o esquema de manejo.

Ahí aparece el desafío técnico real. Un vuelo con RPA puede producir miles de imágenes y decenas de capas de información, pero ninguna de ellas reemplaza el diseño agronómico ni la validación a campo. La tecnología acelera la observación; no elimina la necesidad de interpretar.

La cobertura verde superó al NDVI en los ensayos del INTA

El dato más interesante del trabajo no es solamente el porcentaje de precisión. Es que el porcentaje de cobertura verde haya mostrado un desempeño superior al NDVI para estimar la fracción de radiación solar interceptada. Para muchos pilotos y técnicos formados en agricultura de precisión, el NDVI suele ser el primer índice que aparece en pantalla y, a veces, el último que se analiza. Esa comodidad puede jugar en contra.

El NDVI es útil para expresar diferencias relativas de vigor vegetal a partir del contraste entre las bandas roja e infrarroja cercana. Tiene una larga trayectoria, es fácil de comunicar y funciona bien para identificar sectores con comportamiento diferente. Sin embargo, no responde de manera lineal en todas las etapas fenológicas ni conserva la misma sensibilidad cuando el cultivo alcanza una cobertura densa. En maíces avanzados, la saturación del índice puede reducir su capacidad para distinguir situaciones que agronómicamente todavía importan.

La cobertura verde, en cambio, apunta a otra dimensión: cuánto de la superficie observada se encuentra ocupada visualmente por vegetación. Para un modelo que busca aproximarse a la radiación interceptada, esa relación puede resultar más directa bajo determinadas condiciones. No significa que el NDVI haya dejado de servir. Significa que ningún índice debería convertirse en piloto automático analítico.

Este punto merece atención en el trabajo cotidiano. Un relevamiento multiespectral puede incorporar NDVI, NDRE, GNDVI y otras capas derivadas, pero el valor técnico aparece cuando esas capas se contrastan con el estado fenológico, la arquitectura del cultivo, la fecha de captura y las observaciones de terreno. Un mapa atractivo no equivale necesariamente a un diagnóstico útil.

La cobertura verde también puede ser más accesible para ciertos flujos de trabajo, especialmente cuando se cuenta con imágenes RGB de alta resolución y protocolos claros de procesamiento. Aun así, cambiar de indicador no implica simplificar el problema. Hay que controlar altura de vuelo, resolución espacial, exposición, sombras, solapamiento, horario, viento y consistencia entre campañas. La repetibilidad es parte del sensor.

Altura de planta, modelos de superficie y control de calidad

El equipo del INTA también estimó la altura de las plantas de maíz con coincidencias de entre 81% y 86% respecto de las mediciones manuales. En soja, el margen de error informado para la estimación de altura fue menor al 8%. Son resultados relevantes porque la altura, aunque no define por sí sola el rendimiento, aporta señales sobre crecimiento, heterogeneidad y respuesta a condiciones ambientales.

Para estimar altura desde un dron hace falta algo más que despegar y capturar imágenes. Habitualmente se requiere construir un modelo de superficie a partir de fotogrametría y compararlo con una referencia del terreno. Esa diferencia puede representar la estructura del cultivo, pero su calidad depende de la textura visual, de la geometría de captura, del procesamiento y de la disponibilidad de un modelo de terreno confiable.

En un lote con rastrojo, malezas, surcos marcados o variaciones de relieve, separar suelo y vegetación puede ser complejo. También influye la etapa del cultivo: un maíz temprano no presenta la misma arquitectura que uno cercano al cierre del entresurco. Por eso, una altura estimada con dron debe leerse como una medición sujeta a incertidumbre y no como una verdad absoluta con apariencia de mapa de colores.

El uso de cámaras térmicas suma otra capa posible. Las imágenes térmicas pueden ayudar a observar diferencias de temperatura de canopia vinculadas, entre otros factores, al estado hídrico. Pero una temperatura elevada no diagnostica por sí sola estrés hídrico: pueden intervenir condiciones atmosféricas, hora de vuelo, características del suelo y variaciones fisiológicas. La captura térmica exige todavía más disciplina de protocolo.

Aprendizaje automático: potencia estadística con límites agronómicos

La investigación incorporó aprendizaje automático e índices de vegetación en maíz, girasol y trigo. Es una línea lógica: cuando se combinan bandas espectrales, variables de cobertura, modelos de altura, información térmica y mediciones de campo, la cantidad de relaciones posibles supera rápidamente lo que puede revisarse con reglas simples.

Los modelos de aprendizaje automático pueden detectar patrones complejos y encontrar variables predictoras que no eran las más evidentes al inicio del ensayo. La cobertura verde como variable destacada es justamente una buena muestra de esa utilidad. A veces el mejor predictor no coincide con el índice más popular ni con el que viene preconfigurado en el software.

Sin embargo, un algoritmo puede aprender muy bien una realidad acotada y fallar cuando cambian las condiciones. En agricultura, ese riesgo es permanente. Un modelo entrenado con híbridos, manejos y ambientes específicos puede requerir recalibración antes de aplicarse a otra zona productiva. Pergamino tiene un peso técnico indiscutible en el agro argentino, pero no representa por sí solo toda la diversidad de ambientes maiceros del país.

Habrá que ver cómo evolucionan las validaciones del método en campañas sucesivas, fechas de siembra distintas y otros contextos productivos. También será importante conocer la robustez del modelo frente a nubosidad, cambios abruptos de iluminación, lotes con variabilidad marcada y escenarios donde la captura no pueda realizarse en la ventana ideal.

La calidad del dato de entrada sigue mandando. Un modelo sofisticado no corrige por arte de magia un vuelo con exposición inconsistente, bandas mal calibradas, georreferenciación deficiente o ausencia de puntos de control cuando el objetivo exige precisión espacial. El software procesa; el operador define las condiciones de captura.

Volar para agricultura de precisión bajo RAAC 101 y RAAC 102

El entusiasmo por la teledetección agrícola debe convivir con una realidad aeronáutica concreta. En Argentina, una operación rural puede encuadrarse en la Categoría Abierta de la RAAC Parte 101 cuando se cumplen las condiciones previstas por ANAC. Entre ellas están la operación en VLOS, el límite de 122 metros o 400 pies AGL y el respeto por las restricciones de espacio aéreo, personas e infraestructura.

Para un relevamiento de cultivos, el VLOS suele ser el primer límite práctico. Un lote puede tener cientos de hectáreas y un dron multirrotor, aun con buena autonomía, no puede extender su misión fuera del alcance visual directo del piloto bajo el régimen abierto. Diseñar el relevamiento en bloques, establecer posiciones seguras de despegue y aterrizaje y prever baterías suficientes es parte del trabajo profesional, no una etapa administrativa.

La operación también debe mantenerse fuera de espacios aéreos controlados sin la correspondiente autorización. Que un lote sea rural no garantiza que esté libre de condicionamientos: puede estar dentro de una CTR, cerca de un aeródromo, bajo una ruta de tránsito aéreo o próximo a infraestructura que exige especial cautela. Antes de programar una misión conviene revisar el entorno aeronáutico y no asumir que el mapa agrícola alcanza.

Las operaciones por encima de 122 metros AGL, los vuelos BVLOS, los escenarios sobre concentraciones de personas o las misiones con condiciones que excedan la Categoría Abierta requieren otro análisis bajo la RAAC Parte 102. Allí entran las evaluaciones de riesgo, las mitigaciones operacionales y las autorizaciones específicas que correspondan. Para superficies grandes, esto puede ser decisivo.

Un ala fija o una plataforma de mayor autonomía puede mejorar notablemente la eficiencia de cobertura, pero no transforma por sí misma una misión en reglamentaria. El tipo de RPA, su payload, su perfil de vuelo, el alcance del datalink y la distancia efectiva respecto del piloto deben analizarse dentro de la categoría operacional correcta. En este rubro, planificar mal puede dejar una excelente campaña de captura sin posibilidad de repetirse legalmente.

Del mapa de vigor a una decisión que se pueda defender

La oportunidad que abre este desarrollo del INTA es concreta. Los drones para anticipar el rendimiento del maíz pueden ayudar a identificar zonas de comportamiento contrastante antes de la cosecha, orientar muestreos, acompañar programas de fenotipado y aportar evidencia espacial para decisiones agronómicas. También pueden reducir el tiempo que demanda recorrer manualmente ensayos o lotes con variabilidad visible desde el aire.

En el campo argentino, donde cada campaña combina presión de costos, distancias largas y clima incierto, esa capacidad tiene valor. Pero debe llegar en forma de un flujo de trabajo ordenado: objetivo agronómico definido antes del vuelo, sensor adecuado, misión repetible, procesamiento consistente, observación a campo y lectura por parte de quien conoce el cultivo. El dron puede detectar dónde mirar; la agronomía determina qué significa lo observado.

También hay una oportunidad profesional para pilotos RPA que quieran ir más allá de la captura básica. La demanda no va a premiar indefinidamente al operador que entrega solamente imágenes. Va a crecer para quienes puedan planificar una misión con criterio, asegurar trazabilidad de datos, comprender limitaciones espectrales y conversar con un ingeniero agrónomo en términos útiles.

Los resultados de Pergamino son prometedores precisamente porque no venden una promesa mágica. Muestran que la combinación entre sensores multiespectrales, cámaras térmicas, fotogrametría e inteligencia artificial puede producir estimaciones valiosas cuando existe un método detrás. Esa es la parte estimulante: la tecnología ya está disponible, pero todavía exige oficio.

Para profundizar ese oficio con foco en captura, índices de vegetación y lectura agronómica de datos, la recomendación puntual es el Curso de Drones para Campo de DronesVIP, porque aborda precisamente la integración entre operación RPA, sensores multiespectrales y análisis aplicado a decisiones reales de agricultura de precisión.

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