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Drones para encierre de guanacos: prueba clave en Santa Cruz

29/10/2026
Santa Cruz prepara nuevas pruebas con drones para evaluar su uso en el encierre de guanacos cerca de Puerto San Julián. El artículo analiza los desafíos técnicos, el bienestar animal y los límites de RAAC 101 y 102. También propone criterios para medir resultados, operar en VLOS y planificar con seguridad cualquier misión rural que pueda evolucionar hacia BVLOS.

Los drones no deberían reemplazar de golpe a los equipos de campo que conocen la estepa, los animales y los alambrados: deberían demostrar primero que pueden trabajar a favor de ellos. Esa es la posición razonable frente a las pruebas que Santa Cruz prepara para febrero, orientadas al encierre de guanacos silvestres mediante RPAS.

La noticia es relevante porque no habla de una demostración en una feria ni de un vuelo aislado para obtener imágenes. El Consejo Agrario Provincial (CAP) prevé una nueva serie de ensayos luego de una evaluación exploratoria realizada en la Estancia Cerro Bombero, cerca de Puerto San Julián. El objetivo declarado es ajustar equipos y procedimientos antes de pensar en una aplicación más amplia dentro del Plan de Manejo del Guanaco.

Eso cambia todo. En fauna silvestre, un vuelo técnicamente prolijo puede ser operativamente inútil si aumenta el estrés animal, rompe la dirección de una tropa o genera una reacción que complique el trabajo de los corredores en tierra. Y un dron capaz de recorrer grandes distancias puede abrir, al mismo tiempo, un desafío regulatorio serio cuando la misión sale del régimen VLOS.

La oportunidad tecnológica existe. Pero todavía hay que validarla en barro, viento patagónico, distancias reales y con una metodología que permita repetir resultados.

El desafío operativo del encierre de guanacos con drones

El manejo de guanacos en la Patagonia combina variables difíciles de modelar desde una oficina: lotes extensos, relieve irregular, ráfagas, tranqueras, aguadas, caminos de acceso y animales que pueden dispersarse rápidamente. Un RPAS puede aportar observación aérea, referencias de posición y una presencia acústica o visual que eventualmente ayude a orientar movimientos. Pero cada una de esas capacidades también puede convertirse en una fuente de perturbación.

La fuente periodística indica que la primera jornada se enfocó en evaluar cómo podrían utilizarse los drones durante las maniobras de encierre, considerando las características del terreno y las condiciones de Santa Cruz. El CAP fue claro en un punto que conviene sostener: el sistema todavía no está listo para una aplicación generalizada. Ese matiz es mucho más valioso que anunciar una solución cerrada antes de tener evidencia.

Para un piloto RPA, la primera tentación suele ser pensar en alcance, autonomía y resolución de cámara. Son variables importantes, aunque no suficientes. En una operación de fauna, la métrica central debería ser otra: si el equipo ayuda a alcanzar un objetivo de manejo sin alterar de manera innecesaria el comportamiento de los animales ni agregar riesgos al personal.

Un multirrotor tiene ventajas claras para pruebas iniciales: despegue vertical, estacionario, reubicación rápida y buena capacidad para sostener una observación puntual. También tiene limitaciones conocidas en jornadas largas: autonomía restringida, sensibilidad al viento y necesidad de relevo de baterías. Una plataforma de ala fija podría ampliar cobertura, pero suma velocidad, radio de giro, recuperación más compleja y mayor exigencia para mantener la misión dentro de parámetros seguros.

Por eso conviene separar dos tareas que muchas veces se mezclan:

  • Observación y seguimiento: ubicar grupos, reconocer dirección de desplazamiento, verificar corredores, detectar obstáculos y asistir a la coordinación terrestre.
  • Influencia sobre el movimiento: usar la presencia, posición, altura o perfil sonoro del RPA para intentar orientar animales hacia un área de encierre.

La primera tarea es relativamente conocida en inspección rural y relevamiento. La segunda requiere más cautela, porque involucra respuesta animal y coordinación humana en tiempo real. Que el dron pueda acercarse no significa que deba hacerlo. La distancia efectiva, la altura AGL, el ángulo de aproximación y la duración de la exposición deberían ser parte del protocolo de ensayo, no decisiones improvisadas durante la jornada.

Qué deberían medir las pruebas en Puerto San Julián

Los próximos ensayos pueden producir información útil si el equipo técnico define antes qué significa “funcionar”. No alcanza con registrar que el dron voló o que los guanacos se desplazaron. Puede haber movimiento sin que exista control operativo, y puede haber control aparente a costa de una reacción excesiva de la fauna.

Una planilla de prueba debería registrar, como mínimo, el tipo de plataforma, configuración de payload, hora, intensidad y dirección del viento, altura AGL, distancia aproximada al grupo, duración de cada pasada, reacción observada y resultado de la maniobra terrestre. También conviene anotar fallas de enlace, consumo de baterías, puntos de despegue y aterrizaje, interferencias de terreno y cualquier desvío respecto del plan original.

El datalink merece atención especial. En la estepa, una loma, una depresión o una distancia mal calculada pueden degradar el enlace de mando y video. Un operador no debería asumir que tener telemetría parcial equivale a conservar control efectivo de la aeronave. La planificación necesita contemplar puntos de observación, orientación de antenas cuando aplique, procedimientos de retorno y criterios claros para abortar la misión.

También está el factor humano. La fuente menciona la participación de equipos técnicos, representantes del sector, colaboradores de la estancia, corredores y un piloto especializado que llevó dos equipos específicos desde Trelew. Esa composición es una fortaleza: permite contrastar la lectura aérea con quien sabe cómo responde el animal en el terreno. El piloto aporta conciencia situacional desde el aire; el personal de campo interpreta lo que está ocurriendo abajo.

Habrá que ver cómo se resuelve otro punto sensible: la repetibilidad. Una prueba con clima benigno, animales tranquilos y buena conectividad puede dar una impresión demasiado optimista. El valor del programa aparecerá cuando las pruebas comparen configuraciones, horarios, grupos animales y condiciones meteorológicas, sin forzar conclusiones antes de tiempo.

RAAC 101 y 102: el límite entre ensayo rural y operación específica

Desde agosto de 2025, la Resolución ANAC 550/2025 estructura el marco para estas operaciones mediante las RAAC, especialmente las Partes 101 y 102. Para un ensayo de manejo de fauna, conocer esa división es tan importante como verificar hélices, baterías y firmware.

La RAAC Parte 101, correspondiente a Categoría Abierta, puede aplicar a operaciones rurales sin autorización previa siempre que se cumplan estrictamente sus condiciones. Entre ellas están operar en VLOS, mantenerse por debajo de 122 metros o 400 pies AGL, volar fuera de espacio aéreo controlado y mantener el registro digital del RPA con matrícula LV-R. El entorno rural por sí solo no habilita cualquier perfil de vuelo.

En cambio, una misión que exceda la línea visual directa del piloto entra en terreno BVLOS y requiere encuadre en Categoría Específica bajo RAAC Parte 102. Lo mismo ocurre si se pretende superar el límite de altura, si hay espacio aéreo controlado involucrado o si la operación presenta condiciones que ya no encajan en los parámetros de Categoría Abierta.

Para un encierre de guanacos, la frontera práctica puede aparecer rápido. Seguir una tropa que se aleja detrás de una lomada, cubrir varios kilómetros de campo o sostener el RPA mientras el piloto pierde referencia visual directa son escenarios incompatibles con VLOS. Una pantalla con transmisión de video, un observador remoto o una buena cámara no transforman automáticamente una misión BVLOS en VLOS.

La Categoría Específica exige autorización operacional y un análisis de riesgo, con herramientas como el SORA cuando corresponda. Esto obliga a describir la operación: área, trayectoria, aeronave, enlace, procedimientos normales y de contingencia, mitigaciones, personal involucrado y riesgos en tierra y aire. Puede parecer burocrático, pero en una misión sobre campo abierto ayuda a ordenar decisiones que suelen quedar en supuestos.

También deben analizarse rutas, infraestructura crítica, líneas eléctricas, instalaciones rurales habitadas, zonas protegidas y concentración de personas. La presencia de corredores, técnicos y personal de apoyo no debería resolverse con la idea de que “están en el campo”. Si se prevé sobrevuelo de personas o una operación próxima a quienes trabajan en la maniobra, el diseño de seguridad necesita ser más preciso.

La noticia no informa bajo qué categoría regulatoria se realizaron los ensayos iniciales ni cuál será el perfil exacto de las pruebas de febrero. Por eso no corresponde asumir cumplimiento o incumplimiento: corresponde planificar cada misión contra los límites concretos de RAAC 101 o, cuando aplique, RAAC 102.

Equipos y procedimientos para una misión de fauna responsable

La elección de plataforma debería responder al objetivo de cada fase. Para reconocimiento previo, una cámara RGB estabilizada y una planificación de rutas conservadora pueden ser suficientes. Para ubicar animales con poca luz o distinguir contrastes térmicos, el payload térmico abre posibilidades, aunque exige interpretar la imagen con criterio: una firma térmica no identifica por sí sola una especie, ni reemplaza la confirmación visual y terrestre.

La experiencia de los drones térmicos en escenarios rurales muestra que detectar es apenas una parte de la misión. En los operativos de seguridad o búsqueda, el sistema sirve cuando integra observación aérea, comunicaciones y despliegue terrestre. Ese mismo enfoque puede trasladarse al manejo de fauna: la aeronave aporta información, pero la decisión sobre el movimiento y bienestar animal sigue siendo interdisciplinaria. En ese sentido, el recurso de DronesVIP sobre drones para operaciones rurales en Las Heras deja una enseñanza aplicable: distancia recorrida y utilidad operativa no son sinónimos de cumplimiento automático.

La preparación técnica debería incluir chequeo de baterías, calibraciones necesarias, actualización controlada de firmware, verificación de geofencing, evaluación de GNSS y una inspección pre-vuelo completa. En ambientes remotos, llevar un segundo equipo no reemplaza el mantenimiento preventivo. Una falla en una hélice, una batería degradada o un conector fatigado puede terminar el ensayo cuando el equipo de campo ya está desplegado.

Para quienes buscan formación vinculada con producción y operación rural, el curso de drones aplicados al campo de DronesVIP trabaja una base útil: operación, datos y criterios de planificación en contexto productivo. El manejo de fauna tiene particularidades propias, pero comparte el problema central de toda misión rural: convertir capacidad aérea en una decisión de campo más informada.

La telemetría y el registro de misión también deberían conservarse. No solo para revisar incidentes o rendimiento de baterías, sino para comparar vuelos y construir evidencia. Un ensayo serio puede mostrar que determinada altura reduce reacciones, que una configuración de aeronave resulta poco práctica con viento o que un recorrido diseñado en escritorio no sirve frente a la topografía real. Esos hallazgos también son éxito.

De la prueba exploratoria a un protocolo de trabajo

Santa Cruz tiene una oportunidad interesante: convertir una prueba puntual en un protocolo de uso responsable de drones para encierre de guanacos. El CAP, el Instituto de Promoción de la Ganadería, los equipos de fauna, productores, pilotos y colaboradores de campo pueden generar una base operativa que no dependa únicamente de la habilidad individual de quien tenga el control remoto ese día.

El protocolo debería definir roles antes del despegue: piloto al mando, observador visual cuando corresponda, responsable de la maniobra terrestre, canal de comunicaciones, criterios de inicio y aborto, zona de seguridad para despegue y aterrizaje, y procedimiento ante pérdida de enlace. También debería establecer cuándo el dron observa, cuándo se retira y quién puede ordenar el fin inmediato del vuelo ante una reacción animal no prevista.

La tecnología puede mejorar mucho estas maniobras, especialmente al reducir recorridas a ciegas y aportar una visión amplia sobre sectores difíciles de cubrir desde tierra. Pero no hay atajos. Para esta semana, revisá si tus vuelos rurales siguen siendo realmente VLOS y documentá un procedimiento de abortaje por pérdida de enlace. Si participás en trabajos de fauna o ganadería, armá además una planilla simple de observación: altura, distancia, viento, reacción animal y resultado. Ese registro vale más que una promesa tecnológica.

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